Arch. Myriam B. Mahiques Curriculum Vitae

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Friday, September 3, 2010

Escuelas tomadas en Buenos Aires

Escuela tomada en Buenos Aires. Foto de villacrespomibarrio.com.ar
He seguido azorada, estupefacta,  las noticias acerca de las escuelas tomadas en mi querida ciudad de Buenos Aires. Me he abstenido de opinar porque este blog no es político y estoy muy lejos como para tener una correcta opinión. Pero, como he contado anteriormente en otros posts, hará unos 8-9 años, he sido contratada entre otros arquitectos,  por la municipalidad de Buenos Aires, a través de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo para relevar las patologías constructivas de las escuelas de la ciudad de Bs As. He relevado y dibujado una gran cantidad de ellas, y vuelvo a repetir, algunas tenían condiciones de inhabitabilidad. He visto paredes electrificadas, inundaciones, patios rotos, cornisas históricas cayéndose, falta de calefacción,etc; lo más lamentable, he tenido que tratar con directoras corruptas que habían robado el dinero de la cooperadora destinado a obras de mejoras, dinero que salía -obviamente- de los padres. 
Sé que al día de hoy los problemas continúan y los fondos no se han asignado como se esperaba desde hace más de diez años. Pero sí diré, absolutamente convencida, y no como arquitecta, sino como madre de tres hijos adolescentes, que JAMÁS hubiera permitido que mis hijos alejen su mente de los estudios para salir a hacer política, ni pensar de los cortes de avenidas espantosos del día de ayer. Es que estos chicos no tienen padres que los controlen? Es que son tan inmaduros que no ven que la gente no puede ir a trabajar, que todo lo complican, que perjudicar al otro en sus protestas no es digno de una persona correcta, respetuosa? Qué esperaremos en el futuro cuando estos chicos sean -si alguna vez lo logran- ser profesionales? Cómo puede un ciudadano sentirse libre, en democracia, cuando no puede avanzar con su medio de transporte, cuando pierde su derecho a trabajar, el acceso a los bienes, al intercambio........
Con motivo del ingreso de mi hija mayor en el Arts Institute de California, en la carrera de diseño gráfico, he tenido una reunión con su counselor. Y el objetivo está bien claro: el joven debe tener la mente liberada de problemas para poder estudiar como corresponde. Estas cuestiones deben ser resueltas por los padres, de otra forma. Porqué no aprender de los japoneses que trabajan extra para hacer ¨huelga¨?
Porqué los estudiantes no ponen manos a la obra y ayudan en las tareas de refacción? No falta en las escuelas padres arquitectos, ingenieros, albañiles, empresarios que estarían gustosos de donar materiales y a la vez ser recompensados en quitas de impuestos. Al menos así funciona en California, las donaciones en menor escala son retribuídas con bonos deductibles de taxes.
Finalmente, he visto dos huelgas en los seis años y medio que llevo viviendo en el Sur de California. Absolutamente pacíficas, un grupo de gente con carteles en la vereda, caminando un rato y mostrándoselos a los automovilistas. En ningún momento hubo agresiones, ni insultos, ni se cortó el tránsito, nada. Y el fin, que era mostrar a la sociedad una situación X, se cumplió pacífica y efectivamente.
Hoy, me siento lamentablemente alegre que mis hijos no estén estudiando en  las escuelas de Buenos Aires, hasta los libros e insumos les han dado, siendo extranjeros. Y mis hijos retribuyen, colaborando en la organización de las aulas, en su limpieza, en todas las tareas que se les asignan. Además, mi hija menor pertenece al Lions Club de Seal Beach, ayuda a limpiar las playas, organiza al resto de la gente, dan alimentos a gente carenciada, ayudan a cocinarlos, etc. Esa es la formación que quiero para mis hijos, la de una actitud constructiva y no destructiva. Un adolescente no ha alcanzado la madurez necesaria  para involucrarse en política y dejar de lado sus horas de estudio. Si el objetivo real de estas protestas fueran las mejoras, que pongan manos a la obra en las necesidades más urgentes, y ya los adultos verán luego cómo hacer fuerza para movilizar a los políticos sin perturbar los derechos del otro.

Monday, August 16, 2010

A nice story from South Africa

This is a nice story from the blog " In the Trenches". This blog shares the real-life story of community planning and architectural humanitarian work with NextAid in an impoverished and AIDS-affected rural town called Dennilton, in South Africa. Chris Harnish, an Architecture for Humanity Fellow, on sabbatical from Deborah Berke & Partners in New York City, will do a weekly written and photo blog sharing his experiences while living on site for six months with the local partner organization. Posted by Chris Harnish:
There have been neighbors living in my roof since January or so. A family of owls has set up camp in the protected gap between the overhang of the front porch and the main roof. When I mentioned it to Jabu, his first reaction was 'let's get them out of there'. I told him I liked them and he said 'ok, then we will capture them, put them in a cage and make them fat on mice and rats.' When that didn't take he just resigned himself to asking about them regularly. Apparently owls and Zulu culture don't get along very well. 'The owl is a creature of the night' Jabu told me.
With a bit further research I discovered that an owl calling from your roof means there's going to be a death in the house, unless you burn your house down. A friend in Durban knows a woman who has burned her house down twice for fear of the creatures. (Whether I believe the story or not is another matter... .who knows?). I haven't heard the screetching call from my roof. Usually I just hear it when I step outside to brush my teeth at night. One too many steps from the front porch and a loud, spooky screetch gets me shuffling back inside, laughing and cursing a bit.
It's a married couple of owls, and they have just become parents of triplets. The young ones are very well behaved, except when a parent returns in the evenings with food. Then the squeeling and shuffling of feet on the corrugated metal becomes quite the event. My guide book says it takes three months after hatching for an owl to fly. By my calculations the should be airborn in late June. That's gonna be awesome.

Sunday, July 25, 2010

Sound wall made of vegetation to be studied as alternative to concrete wall

Picture from Cleveland.com
The Ohio Department of Transportation will test a 12-foot-high wall of stacked, 70-pound bags sprouting plants and grass as an innovative way to muffle highway sound.
The 400-foot Green Noise Wall, to be built this fall on westbound Interstate 70 east of Columbus, is ODOT's attempt to develop an alternative to concrete sound barriers.
And it appears to be only the second stab at eco-friendly noise abatement since 1996, when the Wisconsin Department of Transportation removed a sound wall made of plastic forms filled with soil and plants after the plants died, weeds flourished and a portion of the wall collapsed.
It is like a Chia (Pet) wall - basically filling bags with dirt and seed, watering it and watching it grow up and out," said ODOT spokesman Scott Varner. "And much like the novelty plant on the windowsill, it will take some care in the beginning and ongoing maintenance."
During the two-year experiment, ODOT will determine whether the wall of vegetation can survive Ohio's seasons and road salt, how much water and maintenance it will need and if can provide the same noise mitigation as a concrete wall, he said.
It also has to look good.
Read the complete story from Cleveland.com, by Karen Farkas

Tuesday, July 13, 2010

Inmigrantes y externalidades positivas

Mercado callejero en Totonicapan. Imagen http://imagecache6.allposters.com/
Anoche miraba en TV un capítulo de los Simpsons, no estoy segura de qué temporada, donde Springfield se llenaba de inmigrantes noruegos y sus descendientes americanos. Todo marcha bien en un principio, como dice Homero, ¨Uds hagan el trabajo que nosotros no queremos hacer¨, pero luego, comienzan los problemas de superpoblación y transculturación, con las consecuencias lógicas del caso, hospitales abarrotados, falta de trabajo, discriminación racial, etc. En el punto crítico de la crisis social, los lugareños deciden construír un muro para evitar que sigan cruzando la frontera (les resulta conocida la historia, verdad?). Pero…..quién construiría el muro?. Los ciudadanos de Springfield, concluyen que ellos no saben cómo hacerla, entonces, votan por contratar a los noruegos, para que entre todos la levanten. Finalmente, el trabajo comunitario los hermana, y el conflicto se resuelve en una gran fiesta.
Un episodio muy divertido y duro a la vez, que muestra los problemas y ventajas de la inmigración ilegal. Repito, ventajas también, porque a pesar de las pancartas y protestas, muchos hay que contratan mano de obra gratuita o barata de inmigrantes. Y parece que ni George Bush se ha salvado de la crítica, una nota del 2005 en Los Angeles Times, publicaba que su servicio de cocina en su rancho en Texas, contaba con algunos trabajadores ilegales, a los que Bush hacía ojos ciegos, porque –según el diario- él se había criado en tierra de ilegales (Texas).
Un ¨monstruo¨acecha a los lugareños y turistas en las calles de San Cristóbal, Totonicapán, Guatemala, durante festividades. Foto de http://www.ethankbirchard.com/i
Para el que desee avanzar profundamente en el tema, recomiendo leer al sociólogo Mike Davis. Tengo conmigo tres de sus libros: Planet of Slums, Magical Urbanism y City of Quartz. De ellos, rescato para este post, una historia que reproduce de Robert Suro, en su capítulo ¨Transnational Suburbs¨, pág. 97 y 98.
Dice Davis, que algunos empleadores estadounidenses, han explotado las ¨externalidades positivas¨, como reclutar mano de obra gratis, pero también tomar la ventaja de contratar grupos altamente organizados, productos de migraciones comunales; Suro cita el caso de Randall´s, una almacén mayorista de Houston que ha reclutado más de 1000 trabajadores (todos ellos evangélicos) desde las villas cercanas de Totonicapán, en las tierras altas de Guatemala. Entre autopistas y calles con locales comerciales, Suro encontró una villa Maya, inmersa en conglomerados de viviendas bajos, estilo georgiano. El lazo con Randall´s y Houston se ha vuelto tan vital para Totonicapán, que ha devenido en una suerte de ritual religioso: cada julio, por años, los mayas han celebrado un festival de una semana en las estrechas calles de San Cristóbal. Y cada año, los expatriados de Houston han hecho un evento de su regreso a su casa en vacaciones. Los viajes de regreso, se han ritualizado, como una fiesta en sí mismos, y la inmigración al Norte es conmemorada a lo largo de las cosechas, los santos y las estaciones del año. En el último día de fiesta, el pueblo entero se congrega para ver un partido de fútbol entre el equipo de los mayas de Houston y los nativos all-stars. Y así, cuando las festividades terminan, el canal entre Texas y Totonicapán se vuelve más ocupado y eficiente.
He aquí un buen ejemplo, como la celebración en Springfield…
Safe Creative
#1007146816099

Saturday, July 3, 2010

The Mythogeographical Manifesto

Picture courtesy of Phil Smith
If you want to know what is Mythogeography, please click here for a brief approach
If you want to read my interview with his mentor, Phil Smith, click here
Now, Phil has released a manifesto for Mythogeography, that clearly explains its principles:

1. Mythogeography is the theorisation of an experimental approach to the site of performance (in its very broadest sense) as a space of multiple layers.
2.Mythogeography is a geography of the body. It means to carry a second head or an appendix organism, multiple viewpoints, to always walk with one’s own hybrid as companion.  
3.Mythogeography is a philosophy of perception, always mobile; to ride the senses, as tentacles actively seeking out information, never as passive receptors of it; perceiving not objects, but differences.
4.The space of mythogeography is neither bounded nor sliced by time, but is constituted of trajectories; the places of mythogeography are defined by the reach and roundabouts of their commerce, traffic, interaction and exchange.
5. Mythogeography, as a discipline, leads by its margins, as an exploratory practice it is guided by its periphery.
6. Mythogeography is not a discipline, but a setting of multiple disciplines in orbit about each other; it is not an accumulation, but a description of the relations and trajectories of this multiplicity. Mythogeography is the matrix of these trajectories.
7. Mythogeography mythologises the geographer. The mythologised geographer’s ‘self’ is but one more story, (a very successful story, a super-meme), one more discipline in orbit about the others. 
8. Mythogeography arose from a critical engagement with the monolithic, constrained and homogenous bathing of ‘historic’ spaces by the heritage industry and agencies of national and municipal identity-making.
9. Mythogeography opposes the monocular with a mix of influences and strategies, including the atmospheres and effects of psychogeography, the Fortean procession of 'damned data', the deployment (both analogical and direct) of geological, archaeological and historiographical ideas and methods. It is self-reflexive in the sense that it would regard the performer and the activist as similarly multiplicitous sites.
10. Mythogeography has not developed in a vacuum, but as part of a growing practice of disruptions and explorations, including those of neo-romantic and literary anglo-psychogeographers like Alan Moore, performers like Lone Twin, the ambulatory architect-activists of the Stalker group in Rome, urban explorers like the late Ninjalicious and artists of the everyday like Clare Qualmann, Gail Burton and Serena Korda of walkwalkwalk.
11. Borrowing and devising techniques of collection, trespass, observation and a mapping that upsets assumed and functional journeys, deploying the means to heighten or change perception, performativity, embodiment and subversions of official tour guide discourse, mythogeography offers a model which subjects each layer of meaning to a rigorous historiographical, or alternative and appropriate, interrogation, while connecting the diverse layers and exploiting the gaps between them, avoiding a scientific withdrawal, a collapse into a monocular satire or a capitulation to safe and policed forms of eccentricity.
12. Mythogeography practises a ‘hermeneutics of fear’, is nervous about the annihilation of consciousness, adopts a low level paranoia, beginning with, and then testing out, the over-explanation of things.
13. Mythogeography does not discriminate between respectable and non-respectable layers of knowledge, but insists on the presence of popular, trash, pulp layers, and the foregrounding of the mythogeographer’s autobiographical and non-rational associations, elucidating a revealing of reception and, through try-too-hard/over-ideological trash culture, a poetics of the Spectacle.
“what is going on in the lower reaches of society is probably very much more potent and effective than what happens in intellectual circles.”  (Ekkehard Hieronimus)
14. Mythogeography studies dynamic forms (the patterns of patterns).
15. The mythogeographical ‘tool kit’ cannot be definitively assembled, is mostly invisible (fanciful, conceptual or microscopic), and banal in its material components. 
16. Mytho-geography can be spelt with or without the hyphen, but it is a hyphenated practice.
17. Mythogeography is not a finished model, neither in its theoretical nor practical forms. It is a general approach which emphasises hybridity, but does not attempt to determine what combination of elements might constitute the parts of that hybrid.
18. Mythogeography is an invitation to practise, to share, to connect, but also to take the risk of comparison and to practise implicit and explicit criticism of each other’s practices and theories.

Friday, April 23, 2010

La Fachada Mecánica. Cuento Urbano en Londres

Picadilly Circus. Electrografía de Luis Makianich. 2010

La noche baja su capa negra sobre el distrito de Westminster, y como en un acto de magia las luces revierten la vida en un tono nuevo, más audaz y efervescente, haciendo de Piccadilly Circus un torbellino de sensaciones glamorosas entretejidas con el bullicio de una ciudad latente que descubre una cara diferente entre un tiempo y otro. Como si en cada pestañeo se fragmentara la película de su historia, las luces de neón y las pantallas de video conmemoran su evolución, convirtiendo sus fachadas en cáscaras que albergan en su interior el fluido lumínico causante de su metamorfosis. En un sector de la plaza, la fuente memorial al Monumento de Shaftesbury, engarza su ángel desnudo en vuelo, a Eros como un ícono de su actual sexualidad, apuntando con su arco y flecha a cada transeúnte desprevenido en su ingenuidad e invocándolo a ser partícipe de su desenfrenada cacería amorosa, como la indefensa presa, o el cazador furtivo. Cada uno de ellos realiza sus movimientos como un autómata, sin establecer contacto con su oponente. Siguiendo un recorrido preestablecido a un ritmo monótono y controlado por el centelleo del neón, los vehículos que atraviesan las calles, les ceden el paso sistemáticamente cuando ellos se aventuran a interrumpir su recorrido, como parte de un mismo programa, establecido para perdurar eternamente.
Susana es una de ellos, y aunque no pertenece aquí, se ha adaptado a ese orden convirtiéndose en una pieza más de la maquinaria, desplazando su cuerpo por sus veredas entre los del resto de la gente, que como engranajes se aproximan entre sí sin tocarse, ni siquiera con la mirada, como aceptando su convivencia sin cuestionarse su función allí. Súbitamente, la figura de un joven londinense en su aspecto, interrumpe su paso a la salida de la boca del metro; curiosamente su vista se cruza con sus ojos y éste hace un sutil galanteo con la cabeza, que desbarata la monótona interrelación corporal entre la gente, que ahora para ella luce como un repentino “romper las filas”; sólo ellos dos en medio de la nada, iluminados por la tenue luz de un único farol, albergados por un circo de fachadas majestuosas que cobran vida ante ambos para predecir lo que seguramente sucederá. Susana responde a su silencio con un desubicado dejar caer su bolso, el que el joven levanta como en un acto reflejo y lo devuelve a su dueña con una expresión de ingenuo desconcierto y ella lo toma junto con su brazo, que queda atrapado con el suyo, justo antes de comenzar a andar nuevamente… a su lado, con sus sonrisas desentonando un poco entre la masa de gente que lentamente empieza a mover el engranaje hasta que la maquinaria citadina restablece su orden habitual. Las fachadas recobran su intermitente latido lumínico y en el centro de la fuente de bronce, Eros toma otra flecha de su funda.

Wednesday, April 21, 2010

Los dos reyes y los dos laberintos. Autor: Jorge Luis Borges

Laberinto. Imagen de http://www.earthsymbols.com/i

Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de -Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo a1 rey de Babilonia que él en Arabia tenía un laberinto mejor y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribó sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: "¡Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras, que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que te veden el paso."
Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea Aquel que no muere.

Monday, April 19, 2010

Ballade of Dead Cities. To E. W. Gosse

Syrian dead city. By Bo Lovschall

The ballade was an old French form of verse in France, revived by Theodore de Banville, and restored to an England which had long forgotten the Middle Ages, by Mr. Austin Dobson and Mr. Edmund Gosse. They were the first to reintroduce these pleasant old French nugae, while an anonymous author let loose upon the town a whole winged flock of ballades of amazing dexterity.


The dust of Carthage and the dust
Of Babel on the desert wold,
The loves of Corinth, and the lust,
Orchomenos increased with gold;
The town of Jason, over-bold,
And Cherson, smitten in her prime -
What are they but a dream half-told?
Where are the cities of old time?

In towns that were a kingdom's trust,
In dim Atlantic forests' fold,
The marble wasteth to a crust,
The granite crumbles into mould;
O'er these--left nameless from of old -
As over Shinar's brick and slime,
One vast forgetfulness is roll'd -
Where are the cities of old time?

The lapse of ages, and the rust,
The fire, the frost, the waters cold,
Efface the evil and the just;
From Thebes, that Eriphyle sold,
To drown'd Caer-Is, whose sweet bells toll'd
Beneath the wave a dreamy chime
That echo'd from the mountain-hold, -
"Where are the cities of old time?"

ENVOY.

Prince, all thy towns and cities must
Decay as these, till all their crime,
And mirth, and wealth, and toil are thrust
Where are the cities of old time.

Reference: from the 1911 Longmans, Green and Co. Ballads in Blue China and Verses and Translations. By Andrew Lang

¨El encierro.¨ Cuento urbano sobre las festividades de Pamplona


Toro de lidia. Electrografía del arquitecto Luis Makianich. 2009 Derechos reservados

Desde que llegamos a Pamplona, la ansiedad por las fiestas se apoderó de mí transformando mi cuerpo en un barril de fuegos artificiales por estallar. La aglomeración de gente en torno a los vallados de madera y el bullicio expectante desde algunas horas antes de despuntar el día activó la mecha que detonará en una feroz estampida. El sol de julio nos enardece y los mozos guían la manada como pastores desde los corralillos hasta la plaza. Cuando veo a los corredores excitados encausarse en el rio de carne sobre un lecho de adoquines, mi corazón estalla en un repentino galope y mi cuerpo entero decide unírseles. Jamás había participado en semejante contienda y la emoción inunda mis venas en sangre, la que puedo ver tiñendo el suelo, ahora regado de cuerpos en posición fetal. El resto de nosotros aún formamos parte de la avalancha que al llegar a la curva de Mercaderes con Estafeta se desborda exuberante contra las barricadas, alimentando su caudal con algunos observadores, que ya son parte de nuestro inmenso e indivisible cuerpo. La recta final nos lleva a la libertad de la plaza, donde ocho cabestros nos vitorean a los seis toros de San Fermín. 

Autor: arq. Luis R. Makianich. Derechos reservados

Wednesday, April 14, 2010

¨Para acabar de una vez por todas con Chespirito¨

Algunos personajes del Chavo del 8. De http://www.servicioshf.com/hfblogs/sufridores-en-casa


Este artículo me sorprendió realmente, por inesperado. Yo soy una de las admiradoras del Chavo del 8, comedia en serie mexicana que llegó a Argentina a fines de los setenta, o principios de los ochenta, no recuerdo exactamente. No es un artículo de arquitectura, pero sí muestra en tono crítico lo que el Chavo y sus vecinos representan. La pobreza del conventillo, las burlas, la vida cotidiana; una analogía del habitat del inmigrante europeo en la pujante América del S.XIX.
El autor, Edgar Allan García (Universidad Central de Ecuador) nos dice porqué El Chavo no es gracioso, y deplora que el público tome como ¨normal¨ lo inaceptable.
Confieso que yo nunca lo había visto así. Porque para nuestra sociedad (digamos la sociedad de mi contexto social en los ´80) la época del conventillo de inmigrantes ya había pasado con nuestros abuelos y era ¨perfectamente normal¨. Tuve que ingresar a la universidad para comprender que había otro mundo más allá de mi barrio, immerso en un contexto similar al del Chavo aún, y me llevó muchos más años aprender sobre la idiosincrasia mexicana y su humor ingenuo.
Creo que ahí está la clave. He visto otros programas de la TV mexicana, teóricamente de humor, que fallaría en hacer reír a otro público distinto del mexicano, simplemente porque su humor es diferente, así como el humor inglés se diferencia tanto del humor norteamericano.
Pero con El Chavo, es otra cuestión. Con él volvemos a nuestras raíces, recordamos las historias de los abuelos y por carácter transitivo el personaje es parte de nuestras vidas. Y esta memoria opaca la inconveniencia de pegar, maltratar, burlar.
A continuación, el texto de Edgar Allan García, ¨Para acabar de una vez por todas con Chespirito¨, y el link para conocer al autor y su obra.

 Imagen de http://profile.pics.ak.sonicocnt.com/photos/

No creo que haya hogar en Latinoamérica que no haya crecido, durante casi tres décadas, con la imagen familiar y aparentemente inocua de los shows televisivos de Chespirito. La más popular ha sido siempre la del Chavo del Ocho y, según mi encuesta personal, no he encontrado un solo padre o madre de familia que le haya visto un solo “pero” a dicho programa, por lo que me he preguntado, más de una vez, qué hace que miremos sin ver, y oigamos sin escuchar, en qué consiste el velo que cubre nuestro raciocinio y nuestras emociones para aceptar como “normal” lo inaceptable, aun cuando todo resulte tan evidente. ¿De qué estoy hablando? Veamos algunos elementos del famoso Chavo del Ocho:
a) Se trata de un niño que vive en un supuesto cuchitril que seguramente lleva el número ocho en su puerta, de ahí su nombre, pero en realidad este niño huérfano de padre y madre vive dentro de un barril ante la mirada indiferente, excluyente y hasta cruel de la comunidad. 
b) El niño casi siempre anda muerto de hambre pero a nadie se le ha ocurrido adoptarlo, o por lo menos darle un par de comidas diarias o vestirlo decentemente o ayudarlo de manera sistemática. Nada de eso: abandonado a su suerte, el Chavo suele robar comida o, “abusando” de la confianza de sus vecinos, se come los alimentos que son para otros. Peor aun, Quico, el niño tonto y “rico” de la misérrima vecindad, suele alardear de sus pertenencias con el pobre Chavo y toda la situación se presenta como “graciosa”: “te voy a romper los cachetes de marrana flaca” suele exclamar, entre frustrado y furioso, el huérfano al que le han restregado el pastel al que jamás será convidado.
c) Una de las situaciones más despreciables que nos ha “regalado” Roberto Bolaños, el inefable Chespirito, tiene lugar cuando un personaje adulto (don Ramón) arremete con sendos coscorrones contra el Chavo, Quico o la Chilindrina. En estas escenas de maltrato infantil, inaceptables desde todo punto de vista, mucho menos para ser mostradas como situaciones “normales”, don Ramón, al grito de “¡tomaaa!” golpea a estos niños, en especial el Chavo que no tiene mamá que lo defienda, y todo se lo pinta como objeto de risa (lo peor de todo es que el público, tanto adulto como infantil, verdaderamente ríe con el llanto de los niños, de la misma forma en que ríe con esas pésimas representaciones para infantes en los que una “profesora”, con la regla en la mano, golpea a los alumnos que se “portan mal” o “no saben la respuesta”).*
 
d) No solo los niños son objeto de maltrato, también lo es una representante de la tercera edad a la que todos llaman “la bruja del 71”. Su condición de anciana le sirve de pretexto a Chespirito para hacer que los personajes de la serie le gasten bromas pesadas, al tiempo que se encarga de que su interés sentimental por don Ramón sea visto como ridículo y hasta asqueroso, esto es, inaceptable en una mujer de su edad. Con la complicidad de los adultos, los niños arremeten contra la “bruja” inventando historias sobre sus supuestos poderes malignos. En el fondo, lo que le reclaman tanto niños como adultos es que sea “vieja y fea”, esto es, que no calce con el estereotipo de belleza supuestamente propio de la juventud. Pero la señora Clotilde no es la única despreciada por ser diferente: tanto la flacura de don Ramón como la gordura del señor Barriga y de su hijo Ñoño también son objeto de burla constante: bola de grasa, globo inflado, cochinillo… son algunos de los adjetivos que refuerzan la exclusión de estos “diferentes”, aunque a cada uno le toque, en su momento, ser diferente y excluido por niño, por viejo, por feo, por pobre…
e) Don Ramón, en este sentido, no solo es el contumaz maltratador de niños de la vecindad, es también el estereotipo del inútil y vago latinoamericano, hecho que –en esta serie y en la ideología dominante- explicaría de cuerpo entero su pobreza. Y puesto que es el más pobre de la vecindad y, en esa medida, un ser de muchas maneras indefenso, nada impide que la vecina “rica” le entre a cachetadas cada vez que se cruza por su camino lo cual, por supuesto, es increíblemente “gracioso” tanto para Chespirito como para el público infantil y adulto que mira la escena y repite: “chusma chusma”!, como si no fuera con ellos.
Hay, no se puede negar, una parte divertida en esta serie (de lo contrario no habría tenido tanta aceptación) como es el caso de los famosos malentendidos, las frases (repetidas y repetitivas: “cállate cállate que me desesperas!”), los recursos gestuales de sus actores y ciertas situaciones humorísticas clásicas o “gags” pero más allá de la forma, el programa no solo que refuerza la costumbre, por desgracia tan común en nuestro medio, de abusar de los niños, burlarse de los ancianos, los gordos, los flacos, los feos, los débiles y los pobres, sino que ayuda a sacralizar la tara social volviéndola no solo aceptable sino, incluso, “graciosa”. Es por ello una lástima que Chespirito haya estado vigente tanto tiempo en nuestro continente, algo que solo se explica por la falta de una conciencia crítica en nuestra población, incluida la que tiene estudios universitarios. Por desgracia, la “masa” devora por igual comida chatarra, telenovelas chatarra, discursos chatarra y, con un candor digno de mejores circunstancias, se sienta junto a sus hijos a “gozar” con el Chavo del Ocho.
*Solo en la serie “Los Simpson” hay un caso evidente de maltrato infantil, cada vez que Homero intenta estrangular a su hijo Bart, pero a) no es un programa originalmente diseñado para público infantil; b) es un dibujo animado, lo cual de alguna manera le quita “realidad” al repudiable hecho.

Thursday, April 8, 2010

Pasajes de El Matadero (1838) de Esteban Echeverría (1805-1851)

Mataderos del Sur. De blogs.clarin.com/parquepatricios/
Más allá de la lectura de los libros de arquitectura y urbanismo, hay una forma indiscutible de aprender acerca de las ciudades, sus habitantes, sus costumbres, su historia. Y es a través de sus escritores, especialmente aquéllos que escribieron inmersos en contextos socio-políticos que conformaron la historia. Considero que El Matadero, de Esteban Echeverría, es una obra que debiera ser leída por aquéllos que están dentro del campo de la arquitectura y urbanismo.
Aquí, sólo me limito a reproducir algunos párrafos ilustrativos de nuestro antiguo matadero, en antiguos días de Semana Santa y bajo una gran inundación. El link debajo los llevará a su lectura completa en Biblioteca Clarín.

Sucedió, pues, en aquel tiempo, una lluvia muy copiosa. Los caminos se anegaron; los pantanos se pusieron a nado y las calles de entrada y salida a la ciudad rebosaban en acuoso barro. Una tremenda avenida se precipitó de repente por el Riachuelo de Barracas, y extendió majestuosamente sus turbias aguas hasta el pie de las barrancas del Alto. El Plata creciendo embravecido empujó esas aguas que venían buscando su cauce y las hizo correr hinchadas por sobre campos, terraplenes, arboledas, caseríos, y extenderse como un lago inmenso por todas las bajas tierras. La ciudad circunvalada del Norte al Este por una cintura de agua y barro, y al Sud por un piélago blanquecino en cuya superficie flotaban a la ventura algunos barquichuelos y negreaban las chimeneas y las copas de los árboles, echaba desde sus torres y barrancas atónitas miradas al horizonte como implorando la misericordia del Altísimo. Parecía el amago de un nuevo diluvio. Los beatos y beatas gimoteaban haciendo novenarios y continuas plegarias.
Mataderos de Liniers 

El matadero de la Convalecencia o del Alto, sito en las quintas al Sud de la ciudad, es una gran playa en forma rectangular colocada al extremo de dos calles, una de las cuales allí se termina y la otra se prolonga hacia el Este. Esta playa con declive al Sud, está cortada por un zanjón labrado por la corriente de las aguas pluviales en cuyos bordes laterales se muestran innumerables cuevas de ratones y cuyo cauce, recoge en tiempo de lluvia, toda la sangraza seca o reciente del matadero. En la junción del ángulo recto hacia el Oeste está lo que llaman la casilla, edificio bajo, de tres piezas de media agua con corredor al frente que da a la calle y palenque para atar caballos, a cuya espalda se notan varios corrales de palo a pique de ñandubay con sus fornidas puertas para encerrar el ganado. 
Estos corrales son en tiempo de invierno un verdadero lodazal en el cual los animales apeñuscados se hunden hasta el encuentro y quedan como pegados y casi sin movimiento.
Matadero del Sur. 1817. Acuarela de Emeric Essex Vidal (1791-1861): "Matadero sur". Buenos Aires. Argentina 
Wikipedia. org

La perspectiva del matadero a la distancia era grotesca, llena de animación. Cuarenta y nueve reses estaban tendidas sobre sus cueros y cerca de doscientas personas hollaban aquel suelo de lodo regado con la sangre de sus arterias. En torno de cada res resaltaba un grupo de figuras humanas de tez y raza distinta. La figura más prominente de cada grupo era el carnicero con el cuchillo en mano, brazo y pecho desnudos, cabello largo y revuelto, camisa y chiripá y rostro embadurnado de sangre. A sus espaldas se rebullían caracoleando y siguiendo los movimientos, una comparsa de muchachos, de negras y mulatas achuradoras, cuya fealdad trasuntaba las arpías de la fábula, y entremezclados con ellas algunos enormes mastines, olfateaban, gruñían o se daban de tarascones por la presa. Cuarenta y tantas carretas toldadas con negruzco y pelado cuero se escalonaban irregularmente a lo largo de la playa y algunos jinetes con el poncho calado y el lazo prendido al tiento cruzaban por entre ellas al tranco o reclinados sobre el pescuezo de los caballos echaban ojo indolente sobre uno de aquellos animados grupos, al paso que más arriba, en el aire, un enjambre de gaviotas blanquiazules que habían vuelto de la emigración al olor de carne, revoloteaban cubriendo con su disonante graznido todos lo ruidos y voces del matadero y proyectando una sombra clara sobre aquel campo de horrible carnicería. 

http://www.biblioteca.clarin.com/pbda/cuentos/matadero/matadero.htm

Wednesday, April 7, 2010

La Arquitectura Arabe en Toledo. De las Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer

Real Alcázar de Sevilla. De http://www.historiadelarte.us/

Llevando en una mano el Corán y en la otra la espada, los hijos de Ismael habían ya recorrido una gran parte del mundo. Merced a la sangrienta persecución de estos guerreros apóstoles de falso profeta, el Oriente comenzaba a constituirse en un gran pueblo, y el Asia y el África se unían por medio del lazo de las creencias, santificado con el sello de las victorias, cuando la traición abrió nuestra Península a las huestes de Tarif y la monarquía gótica cayó derrocada en las orillas del Guadalete con su último rey.
     Acostumbrados a vencer, los árabes no tardaron mucho en posesionarse de casi todo el reino. Como es indudable que a sus conquistas presidía un gran pensamiento, el exterminio no siguió de cerca a sus victorias; las ventajosas condiciones con que aceptaron la rendición de un gran número de ciudades, los privilegios en el goce de los cuales dejaron a los cristianos, prueban claramente que antes trataban de consolidar que de destruir, y que al emprender sus aventuradas expediciones, no les impulsaba sólo una sed de combates sin fruto y de triunfos efímeros. La historia de los grandes conquistadores de todas las épocas ofrece muy raros ejemplos de estas elevadas máximas de sabiduría, puestas en acción por los árabes en la larga carrera de sus victorias.
     Dueños, pues, de casi toda la Península ibérica y calmada la sed de luchas y de dominio que agitó el espíritu guerrero de aquellas razas ardientes, salidas de entre las abrasadoras arenas del Desierto, las diversas ideas de civilización y de adelanto, rico botín de la inteligencia que habían recogido en su marcha triunfal a través de las antiguas naciones, comenzaron a fundirse en su imaginación en un solo pensamiento regenerador.
     Hasta entonces el árabe, fiel a las tradiciones de vida nómada, no había encontrado un momento de reposo. Primeramente pone su movible tienda, ya al pie de una palmera del Desierto, ya en la falda de una colina; después se hace conquistador, y derramándose por el mundo, hoy sestea en el Cairo, a la tarde duerme en el África, y al amanecer levanta su campamento y le sorprende el sol con el nuevo día en Europa.
     Pero el momento de recoger el fruto de sus conquistas, la hora de recibir el precio de su sangre, tan prodigiosamente derramada, había llegado. Sus leyes, y con ellas sus costumbres, comenzaron a dulcificarse y a tomar una índole propia; el círculo de sus aspiraciones y sus necesidades se hizo mayor, y la sociedad que comenzaba a constituir puso el pie en la senda del progreso a la que llamaban su grandeza y su poder.

     Como es de presumir, el arte no existía aún entre los sectarios de Mahoma; pero el desarrollo de la nueva religión lo comenzaba a hacer una necesidad. Y decimos una necesidad, porque es digna de ser observada la influencia que las creencias religiosas ejercen sobre la imaginación de los pueblos que crean un nuevo estilo. Recórrase, siquiera ligeramente, la historia moral, por decirlo así, de todos los países, y no se podrá por menos de conceder a esta influencia la gloria de haber dado, a cada una de las naciones que civilizó, unas costumbres en perfecta afinidad con sus necesidades, y una arquitectura original en maravillosa armonía con su culto.
     Los adoradores de Isis, los sacerdotes de sus terribles misterios, después de poblar sus altares de locas e incomprensibles concepciones, crearon el arte egipcio con sus esfinges monstruosas, sus gigantescas pirámides y oscuros jeroglíficos. El pensamiento de un mundo viril y grande se halla grabado con sus caracteres indelebles en los colosos del Desierto.
     La India, con su atmósfera de fuego, su vegetación poderosa y sus imaginaciones ardientes, alimentadas por una religión todo maravillas y mitos emblemáticos, ahuecó los montes para tallar en su seno las subterráneas pagodas de sus dioses. La extraña y salvaje poesía de los Vedas parece que toma formas y vive cuando a la moribunda luz que se abre paso a través de las grutas sagradas se ven desfilar, confundiéndose entre las sombras de sus muros, las silenciosas procesiones de monstruosos elefantes, guiados por esos deformes genios que despliegan sus triples miembros en semicírculo, como las plumas de un quitasol.
     La Grecia coronó de flores sus divinidades, les prestó el ideal de la belleza humana y las colocó sobre altares risueños, levantados a la sombra de edificios que respiraban sencillez y majestad. Basta examinar sus templos, ricos de armonía y de luz; basta hacerse cargo de la matemática euritmia de sus construcciones, para comprender a aquella sociedad que sujetó la idea a la forma, que tiranizó la libre imaginación por medio de los preceptos del arte.
     La arquitectura árabe parece la hija del sueño de un creyente dormido después de una batalla a la sombra de una palmera. Sólo la religión que con tan brillantes colores pinta las huríes del paraíso y sus embriagadoras delicias pudo reunir las confusas ideas de mil diferentes estilos y entretejerlos en la forma de un encaje. Sus gentiles creaciones no son más que una hermosa página del libro de su legislador poeta, escrita con alabastro y estuco en las paredes de una mezquita o en las tarbeas de una aljama.

     La Religión del Crucificado tradujo el Apocalipsis y las fantásticas visiones de los eremitas. La luz y las sombras, la sencilla parábola y el oscuro misterio se dan la mano en ese poema místico del sacerdote, interpretado por el arte, al que la Edad Media prestó sus severas y melancólicas tintas.
     Ni Roma ni Bizancio tuvieron una arquitectura absolutamente original y completa; sus obras fueron modificaciones, no creaciones, porque, como dejamos dicho, sólo una nueva religión puede crear una nueva sociedad, y sólo en ésta hay poder de imaginación suficiente a concebir un nuevo arte. Roma no fue más que el espíritu de Grecia encarnado en un gran pueblo, y Bizancio el cadáver galvanizado del Imperio, eslabón que en la cadena de los siglos unió por algunos instantes el mundo que desaparecía con el que se levantaba.
     He aquí por qué dijimos que, derrocada en nuestra Península la raza del Norte por la del Oriente, el desarrollo de la religión había hecho del desarrollo del arte una necesidad. El secreto impulso que lo empujaba a su destino existía, pues, en la conciencia del genio ismaelita; pero aún se encontraba muy distante del término de su carrera, por lo que en los primeros pasos se limitó a satisfacer sus necesidades por medio de la imitación.
     En este punto, como fácilmente se comprende, comenzó la primera época de las tres principales en que puede dividirse la historia de la arquitectura muslímica toledana, época que a su vez puede dividirse en dos períodos, uno de imitación, y otro de lucha entre la idea original y la influencia extraña de los diferentes géneros arquitectónicos que se amalgamaron entre sí para crear el nuevo estilo, y que duró en Toledo casi tanto tiempo cuanto permaneció aquella ciudad en poder de los infieles.
     Pocas son las muestras que nos quedan hoy de ambos períodos, pues habiendo desaparecido la grande aljama o alcázar de los reyes moros, como asimismo la mezquita mayor, sobre los cimientos de la cual Fernando el Santo levantó la iglesia primada, sus obras de mayor importancia, y, por lo tanto, las más dignas de estudio, se hallan fuera del alcance de nuestra crítica. Sin embargo, basta examinar la antigua mezquita que es hoy capilla del Cristo de la Luz, la iglesia de Santa María la Blanca, la de San Román, y algunos otros restos de la arquitectura de los árabes toledanos, para poder señalar, hasta cierto punto con exactitud, los caracteres que la distinguen.
     Obsérvanse en ella restos de las construcciones góticas como capiteles y fustes de columnas empleados en las fábricas, que, para atender a sus primeras necesidades erigieron los sectarios de Mahoma después de conquistada la ciudad. La forma de los templos guarda, por lo regular, bastante analogía con la de las basílicas cristianas, hallándose compartidas en naves como éstas, y comenzando en la cabecera algunas veces con ábside. Los arcos que soportan las techumbres de las naves son redondos o de herradura, observándose asimismo, hasta en las construcciones más primitivas, el empleo de los arcos dúplices en la ornamentación de los muros.
Los fustes de las columnas que sostienen las arquerías de estos edificios, son unas veces de mármol y otras de ladrillo y argamasa; pero siempre gruesos y pesados. La forma octógona, que en algunos de ellos se observa, es uno de los caracteres distintivos de este período. Los arabescos o adornos del gusto árabe con que embellecían sus obras son escasos, toscos y casi siempre imitación o copia adulterada de los adornos propios de las órdenes de arquitectura que habían visto al pasar, triunfadores de los pueblos que amarraron a su yugo. En los capiteles imitan las formas griegas, aunque modificándolas más o menos, según el capricho de sus autores; en la ornamentación, el bizantino es uno de los géneros que presta con más abundancia sus caprichosos adornos al arte de los muslimes.
     El segundo período de esta grande época de nacimiento y desarrollo de las ideas originales y propias del pueblo ismaelita, se desenvolvió en Toledo cuando a principios del siglo XI Abu Mohammad Ismael ben Dz'en-non fundó la dinastía de los Beni Dz'en-non, erigiendo a esta ciudad en capital del reino nuevamente constituido. A este tiempo perteneció, sin duda, la ornamentación de la mezquita mayor y la grande aljama, edificios de los que, como de otros muchos de la misma edad sólo nos quedan vagas y confusas tradiciones, unidas a alguno que otro fragmento.
     Obsérvase, sin embargo, que, en esta segunda mitad de la creación de su arte, los alarifes mahometanos, en la lucha empeñada entre su inspiración y la influencia de otros estilos, llevan una considerable ventaja.
     Las alharacas o adornos de follaje con que cubren los capiteles de sus columnas, la archivolta de sus arcos o los entrepaños de sus muros, las adarajas o lacerías de sus orlas, y el menudo almocárabe que sirve de fondo a su ornamentación, comienzan ya a determinarse y a tomar un carácter propio. Nótase este adelanto muy particularmente en los edificios árabes de este tiempo que aún existen en varios puntos de España. En Toledo, como ya dejamos dicho, son pocos los ejemplares que de estos dos períodos, y especialmente del último, se conservan.
     La segunda época, la época de virilidad y esplendor de este género maravilloso y delicado, comenzó a florecer en la ciudad imperial después que Don Alfonso la reconquistó del poder de los musulmanes. Los alarifes andaluces que habían estudiado en la Alhambra y en el alcázar de Sevilla, magníficos edificios en que el genio oriental desplegó todo el lujo de su imaginación inagotable, se desparramaron en este tiempo por la Península, y llevaron las nuevas ideas al seno de las ciudades reconquistadas, en las que, así los árabes que aún permanecían en ellas, como los cristianos y los judíos que en gran número se encontraban en las grandes poblaciones, usaron casi exclusivamente por espacio de dos o tres siglos de esta arquitectura, ya para sus palacios, ya para sus templos y fábricas de utilidad común.
     Imposible sería describir con palabras la brillante metamorfosis que en esta edad experimentó el arte que hemos visto en los siglos anteriores seguir tímidamente el sendero de la imitación, ensayando con pobreza y miedo alguna que otra idea original. Sus formas groseras y pesadas han adquirido una esbeltez y una gallardía admirables; sus arcos, compuestos de mil y mil líneas atrevidas y nuevas, se sostienen sobre columnas tan frágiles, que no se concibe que pudieran soportar los muros, si éstos a su vez no fuesen calados y ligeros como el rostrillo de encaje de una castellana; las geométricas combinaciones de sus lacerías se complican y enredan entre sí de un modo inconcebible, y cada capitel, cada faja, cada detalle, en fin, de estas magníficas creaciones, son a su vez una obra artística maravillosa en las que otros detalles secundarios aparecen a los ojos del observador y lo asombran por su delicadeza, su novedad y su número.
     La iglesia del Tránsito, antigua sinagoga, la ornamentación de Santa María la Blanca, los restos del alcázar del rey Don Pedro, la casa de Mesa y otros muchos edificios, ya religiosos, ya profanos, representan dignamente en la capital de Castilla la Nueva este período de esplendor y grandeza de la arquitectura arábiga, cuyos rasgos más característicos son los que a continuación expresamos.
     El empleo de ojivas túmido conopiales, ya simples, ya incluidas en arcos de herradura o estalactíticos; el uso, cada vez más frecuente, de dobles ajimeces, sostenidos por parteluces esbeltísimos y cuajados de ornamentación y figuras geométricas; arcos de diversas formas, en los que se combinan de mil maneras extrañas porciones de círculo, que dibujan las archivoltas y perfilan los vanos; arcos trazados por líneas rectas combinadas con porciones de círculo; pechinas de dobles y triples hileras de bovedillas apiñadas, las que también se usaron en algunos edificios del género ojival, construidos en épocas posteriores, como en San Juan de los Reyes; sustitución en las leyendas que adornan los muros de los caracteres cúficos, usados en la primera época, por los neskhi, de forma más ligera y gallarda; adornos en la ornamentación completamente originales y propios del arte arábigo, los que, aun cuando guardan alguna remota idea de los bizantinos, ya se han hecho más ricos y elegantes; artesonados cuajados de lujosos detalles; lacerías combinadas de cierto modo, que les da alguna semejanza con las tracerías del estilo ojival; uso casi general de aliceres o anchas fajas de azulejos brillantes de infinitos colores y formas, adornando las zonas inferiores de las tarbeas o salones; sustitución en algunas cenefas de las hojas agudas y entrelargas, propias de la ornamentación de otros estilos, con la parra, roble y otras de parecido dibujo, las que, revelándose sobre fondos de ataurique y combinándose entre sí, forman a veces dobles postas. He aquí los principales caracteres que, unidos a la delicadeza y perfección con que están ejecutados todos los detalles, dan a conocer este período a primera vista.

     La tercera época, la época de la decadencia, no tiene, por decirlo así, una fisonomía propia.
Se hace notar por la falta de lujo y de riqueza en sus obras, por el abandono de aquella prodigalidad de ornamentación que caracterizó a esta arquitectura en su período de gloria, y por la adulteración de algunas de las partes de que se compone.
     El estilo ojival, que cada día adelantaba un paso más en la senda de la perfección, comenzó a oscurecer y a poner en olvido el arte arábigo, el cual, no obstante, prolongó su existencia; aunque trabajosamente, hasta mediados del siglo XVI, en el que el Renacimiento destronó a un tiempo a los dos géneros, representantes genuinos, el uno de la religión cristiana y el otro de la islamita.

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