Arch. Myriam B. Mahiques Curriculum Vitae

Tuesday, August 28, 2012

Del artículo ¨Difícil legado del Siglo XX¨



El artículo que reproduzco abajo pertenece a Graciela Speranza y fue publicado en La Nación on line. Está relacionado con el post La ciudad como espacio de combate.
Ambos tienen una visión apocalíptica de las ciudades. Y no necesariamente del futuro.
La introducción de Speranza, mencionando la película rusa Stalker de 1979, atrajo mi atención y la ví este último fin de semana. Es una hermosa película, larga y densa, eso sí, con imágenes que manifiestan la estética de las ruinas y un final con moraleja que me dejó meditando. Lo que más me llamó la atención, veo la Zona como un presagio de la catástrofe de Chernobyl de 1986. Recordemos la creación de la zona de exclusión y las ruinas que allí han quedado. Para más información de su estado actual , les recomiendo lean un post anterior Dark tourism in Ukraine: the decay of Pripyat.

Para ilustrar el post, he bajado escenas de la película Stalker de Google images, pido disculpas por no tener los autores, pero no he visto referencias de derechos.




En una secuencia memorable de Stalker , uno de los grandes momentos de la historia del cine, tres viajeros clandestinos avanzan en un motorriel hacia la Zona, un paraje fantástico que promete cumplir los sueños de los desconsolados. Tarkovski se demora en el recorrido, deja que el tiempo pase al ritmo acompasado del traqueteo y atiende a la expectativa de los tres hombres de espaldas que miran a un lado y al otro, a la espera de que el paisaje devastado que van dejando atrás se abra a otro, desconocido y fabuloso. Los viajeros descubrirán muy pronto que el panorama de la Zona no es mucho menos sombrío, sólo que, cuando el motorriel se detiene y el stalker -guía anuncia que han llegado a destino, el blanco y negro de la imagen vira de pronto al color, el verde y la quietud del lugar inundan el plano, y las ruinas desoladas que recorrerán de ahí en más refulgen en todo su esplendor. Como en la larga secuencia del viaje, las imágenes a la vez sórdidas y sublimes del futuro que Tarkovski compuso en Stalker no difieren demasiado del paisaje real de las ciudades y anticipan sin saberlo el tono posapocalíptico del arte del mañana; el único resto arcádico de la Zona es el silencio y la majestad de las ruinas deshabitadas. No hay más allá de las ciudades, parece decir Tarkovski. El desarrollo de la civilización se ha clausurado en un cerco mental urbano.
Treinta años más tarde, la mitad de la población del mundo vive en las ciudades y la cifra alcanzará los dos tercios al promediar el siglo, con megaciudades de ocho millones de habitantes e hiperciudades de veinte, aunque nadie sabe si semejantes concentraciones humanas son biológica o ecológicamente sustentables. Esa supremacía podría ser motivo de celebración e incluso de orgullo ciudadano. El pensamiento, la cultura y el arte florecieron en las ciudades, y la historia de los grandes cambios sociales y las vanguardias se escribió con reinvenciones de los recorridos urbanos. Basta pensar en los pasajes parisinos que iluminaron a Baudelaire y a Benjamin, los encuentros insólitos de las caminatas surrealistas, o las derivas y los desvíos con que Debord y los situacionistas llamaban a vagar sin rumbo prestando oídos a la ciudad como quien escucha un lenguaje, para recuperar la comunicación interrumpida por la sociedad del espectáculo.


Pero ¿qué, precisamente, deberíamos celebrar hoy en las ciudades? ¿Qué se ha hecho de las grandes ilusiones que movilizaban la marcha esperanzada a las capitales? "Claustrópolis", "ciudad de cuarzo", "ciudad pánico" son las fórmulas que hoy describen la vida urbana y ni siquiera hacen falta las metáforas frente la resonancia trágica de nombres como Ciudad Juárez, Kabul, Ciudad de Dios, Villa 31, Dharavi. Un tercio de la población de las ciudades vive hoy en villas, favelas, colonias populares, pueblos jóvenes, cantegriles o, dicho con uno de los tantos eufemismos de las ciencias sociales, "asentamientos informales". La cifra por sí sola alcanza para aguar los festejos de la hegemonía metropolitana; la nueva fisonomía del globo ("Planeta de villas miseria", lo llamó el sociólogo Mike Davis con elocuencia tajante) aniquila los últimos resabios de fervor whitmaniano. "Urbanización" ha pasado a ser sinónimo de ranchos, casillas, barracas, tinglados, chozas, tugurios, asentados en las orillas de las grandes capitales, un margen del margen alejado de los lazos solidarios de la comunidad rural y también de las bondades políticas y culturales del ágora. El aumento paralelo de la riqueza, entretanto, ha transformado la geografía de las zonas prósperas con patrones cada vez más desembozados de segregación, materializados en espacios fortificados, islas cercadas, barrios y hasta ciudades privadas, rejas y muros con los que la arquitectura del miedo se anticipa a los enfrentamientos o los incita. En las metrópolis de todo el mundo las diferencias sociales desalientan el contacto, más amenaza que estímulo de la vida comunitaria.

Monday, August 27, 2012

Agora: una versión muy interesante de la destrucción de la Biblioteca de Alexandría.

Escena de la película Agora en la Biblioteca de Alexandria. Imagen de agora-movie-trailer.blogspot.com

He quedado encantada con la película Agora, dirigida por Alejandro Amenábar. En ella, se muestran los años de transición del paganismo romano al cristianismo, la lucha por el poder, el antagonismo con los grupos judíos, y entre todo ello, la destrucción de la Biblioteca de Alexandría, una de las tantas versiones.
Dicen los críticos que la película tiene sus desviaciones históricas, pero sólo ver la grandiosa escenografía, emociona. El personaje principal de la historia es la matemática y filósofa Hypatia, conocida también como la primera astrónoma mujer de la historia.
¨La Biblioteca Real de Alejandría o Antigua Biblioteca de Alejandría, fue en su época la más grande del mundo. Situada en la ciudad egipcia de Alejandría, se estima que fue fundada a comienzos del siglo III a. C. por Ptolomeo I Sóter, y ampliada por su hijo Ptolomeo II Filadelfo, llegando a albergar hasta 900.000 manuscritos. Una nueva Biblioteca Alejandrina, rememorando la original y promovida por la Unesco, fue inaugurada el 16 de octubre de 20021 en la misma ciudad.
La destrucción de la Biblioteca de Alejandría es uno de los temas polémicos de la civilización occidental, asignándose a romanos, egipcios cristianos o musulmanes, dependiendo de la fuente consultada. Se carece de testimonios precisos sobre sus aspectos más esenciales, y no se han encontrado las ruinas del Museo, siendo las del Serapeo muy escasas. Para algunos escritores latinos, la Gran Biblioteca fundada por los Ptolomeos apenas resultó afectada en el incendio provocado por las tropas de Julio César en 48 a. C. Probablemente, ya había desaparecido en el momento de la dominación árabe, aunque algunos escritores comentan que el califa Umar ibn al-Jattab ordenó la destrucción de millares de manuscritos. Independientemente de las culpas de cristianos y musulmanes, el fin de la biblioteca debe situarse en un momento indeterminado del siglo III o del IV, quizá en 273, cuando el emperador Aureliano tomó y saqueó la ciudad, o cuando Diocleciano hizo lo propio en 297.¨ (De http://es.wikipedia.org/wiki/Biblioteca_de_Alejandr%C3%ADa)


Recreación de la Biblioteca de Alexandria en la escenografía de la película Agora.
Otra toma del set de Agora con la Biblioteca de Alexandria
Alejandro Amenabar en el set con la actriz británica Rachel Weisz. Observen la maravilla de la decoración
Hypatia of Alexandria. De apod.nasa.gov
Una pintura de Hypatia enseñando, según el pintor Masolino en el cuadro ¨Los filósofos de Alexandria¨. Google images.

Para conocer más sobre Hypatia, les dejo el link al artículo de José María Blázquez Martínez para Antigua. Historia y Arqueología de las Civilizaciones, 2004:

Sunday, August 26, 2012

From " Reconstructing Beirut by Demolishing its Identity"


The following excerpt is from Linda Pappagallo's article Reconstructing Beirut by Demolishing its Identity:

The Lebanese housing market is a bit of a strange phenomenon. A largely unregulated construction market coupled with grandiose projects from ambitious rich gulf state developers and Lebanese expatriates has created a surplus of largely unaffordable houses. The result is that Lebanon is becoming a haphazard dumping site for cement buildings with little regard of the preceding cultural, historic and environmental resources. Similarly, many believe Beirut has also turned into a mismanaged affair. 
 Following the Lebanese Civil War in 1994, then-Prime Minister Rafic Hariri aspired to create a new image of Beirut. The idea was to live up to its expectation as being “the Paris of the Middle East” and attract foreign investment. Hariri established a private development company, Solidere: Société libanaise pour le développement et la reconstruction de Beyrouth, with the expressed mandate to alter consumer sentiments of Beirut from an instable, bullet torn city into a hip , profit making national capital and port city. 
 Solidere decided to assign a new identity to downtown Beirut by, on the one hand, invoking the historical roots of the Phoenician and Ottoman civilizations while using the urban layout and architecture introduced during the French Mandate years, and on the other hand, bulldozing down historical edifices to make way for large glass offices. According to Robert Saliba, professor of architecture at the American Unversity of Beirut, this has been a mistake. Solidere seem to have misjudged consumer preferences and in an attempt to revise the ‘architectural language’ of the city center, Beirut now looks and feels like a place where the heritage and history of the old city have been commodified. In its rebranding expedition, Saliba believes Solidere neglected to consider how residents might experience the new city, where many original buildings were destroyed, suffocated or replaced by kitsch reinterpretations of Phoenician and Ottoman architecture or ultra-modern structures. There are estimates that more buildings were destroyed to make space for the reconstructed center than during the war itself. In 1995, Elias Khoury, a novelist and journalist, wrote that “Beirut attempts to regenerate itself by recycling garbage and destroying its own memories.”

Tuesday, August 21, 2012

Some of Neil Spiller´s drawings on Visionary Architecture

Analysis of Beauty. Part two

I came across with these great drawings by Neil Spiller, who is the head of the School of Architecture and Construction at the University of Greenwich, UK. I´m sharing some of them from the article by Lebbeus Woods, ¨Spiller´s World
Spiller is the author of Digital Architecture Now: A Global Survey of Emerging Talent, 2009. And the drawings are part of his theory on ¨Visionary Architecture.¨

Analysis of Beauty. Part 1

Com ves site plan

Crowning vista stage 1

Ga-twistedchrist

Aughtman´s square 1

Cenetic Gazebo

Sunday, August 19, 2012

Alabama aerial picture after the tornadoes of April 2011


This time I was blinded by my habit of watching urban morphologies. I didn´t see at first the path of the tornadoes in Alabama, 2011, I was just trying to understand the city´s shape. Until I read the following, from National Geographic: 

Photograph by Digitalglobe 
ALABAMA On April 27, 2011, the U.S. was hit by 199 tornadoes, a single-day record—but there's no clear evidence, scientists say, of a long-term rise in tornado frequency. The 190-mile-an-hour twister that carved a sharp path across Tuscaloosa missed the University of Alabama football stadium (upper left) by a mile, then threaded between a large mall (X-shaped building at center) and the main hospital, which was soon treating victims. The tornado killed 44, then roared northeast to the Birmingham area, where it killed 20 more.

Saturday, August 18, 2012

La ciudad como espacio de combate

Contraste entre la villa La cava y el barrio vecino en San Isidro, 2003. La Nación.com

Estuve leyendo el artículo de Raquel San Martín para La Nación, donde explica la posición teórica de la socióloga holandesa Saskia Sassen con respecto a la ciudad de hoy, vista como un espacio de enfrentamiento de grupos. Muy interesante;  compartiré una parte del mismo, ya que a los que conocemos bien cómo son las formas de convivencia en las grandes ciudades, y el miedo que a veces nos trastorna, nos toca de cerca.

¨Probablemente en la Biblia esté la mejor síntesis de las ideas que rondan la experiencia urbana desde hace siglos: allí están Sodoma y Gomorra, narradas en el Génesis como símbolos de corrupción y decadencia, pero también la Ciudad Santa, esa Jerusalén que en el Apocalipsis es la representación utópica del paraíso recobrado. El prolífico imaginario filosófico y literario sobre la ciudad descansa, en efecto, en una contradicción. La ciudad pensada y narrada es a la vez el lugar del progreso, la modernización, la aventura, donde los destinos se tuercen y los sueños se alcanzan, pero también el espacio del pecado, el miedo, el esnobismo y las apariencias, la soledad del individuo anónimo frente a la multitud, el escenario de la pobreza y la decadencia social.
 ¿En qué lugar ubicar la "imaginación sociológica" de Saskia Sassen, una de las intelectuales más influyentes de las últimas décadas para pensar la ciudad en la globalización, que se define como "contraintuitiva", más cómoda analizando las fronteras y los márgenes que los centros transitados por las teorías mainstream ? Para Sassen, la ciudad no es, parece claro, ese "libro de piedra" que Victor Hugo se proponía leer; ni está en la poesía de las multitudes anónimas que describía Charles Baudelaire; ni en la geografía personal proyectada en la Dublín de James Joyce. La ciudad que mira se parece a la que vio Georg Simmel, tan alarmado por la desconfianza, el "espíritu calculador" y la indiferencia que motivaba la vida urbana como satisfecho por la libertad que ese ambiente prometía, y también a la que estudió la Escuela de Chicago, que vio en la ciudad el laboratorio social donde observar y resolver la integración de una sociedad que se volvía más y más compleja y desigual.
 Un siglo más tarde, como a Simmel y a los sociólogos de Chicago, a Saskia Sassen le preocupa el alma de las grandes ciudades, a las que ve crecientemente "desurbanizadas". Aunque crezcan en densidad poblacional y alumbren nuevos barrios y construcciones cada vez más vanguardistas, aunque elaboren "marcas" que las posicionan en el mercado de los festivales y la industria de la cultura y el turismo, las ciudades, piensa Sassen, están perdiendo su urbanidad, su carácter de espacio para la vida en común.
"La ciudad es un sistema complejo pero incompleto", define en diálogo con adn cultura, y describe cómo, a fuerza de guerras que ahora se combaten en las ciudades, de enfrentamientos que grupos armados del narcotráfico escenifican en terreno urbano, de la violencia del delito generada por décadas de injusticias sociales y económicas, de las fronteras invisibles que instalan las desigualdades, la ciudad está perdiendo la flexibilidad que le aseguró sobrevivir a siglos, gobiernos, organizaciones políticas y cambios sociales sin perder su identidad como espacio para la convivencia urbana.
"La ciudad es hoy un espacio de combate abierto", continúa. Al cerrarse a fuerza de impersonales distritos de oficinas de vanguardia, al completarse trazando espacios privados hiperseguros y zonas empobrecidas donde sus habitantes viven igualmente encerrados, al perder, en fin, parte de su alma común, la ciudad deja de ser capaz de integrar la novedad y la diferencia.
 Sassen pasó cinco días en Buenos Aires, a comienzos de este mes, junto con su marido, el sociólogo Richard Sennett, invitados por la Universidad Nacional de San Martín (Unsam), con la agenda de dos rockstars pero la humildad de quienes no han cambiado la curiosidad intelectual por la impostura. En menos de una semana, pronunciaron dos conferencias cada uno y una en conjunto -todas a sala llena y casi todas con transmisión simultánea por Internet-, dieron entrevistas y se reunieron con distintos grupos de investigadores locales.
La ciudad, plantea Sassen, no es indiferente a su desurbanización. "¿La ciudad tiene un discurso, un poder de habla? Yo digo que sí. La ciudad lo tiene, pero hemos olvidado ese lenguaje, no lo vemos más, no lo entendemos. Hay muchas tendencias que van eliminando la capacidad de la ciudad de tener su voz. Pero hoy, todavía, la ciudad habla. Lo hace, por ejemplo, cuando los desarrolladores inmobiliarios construyen una plaza pública para compensar un edificio más alto, y ese espacio nunca funciona como plaza, está muerto. O cuando el tránsito de la hora pico en el centro paraliza un auto potente, hecho para grandes velocidades, y no le permite usar ninguna de esas capacidades. O en las maneras que hemos aprendido para saber cómo transitar caminando por el centro de la ciudad en esas horas pico. Eso es discurso. Cuando la ciudad no permite cosas, es la ciudad la que habla. En lo urbano hay una capacidad que le permite actuar."

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Friday, August 17, 2012

City solutions and two examples from Seoul, South Korea


Photograph by Leon Chew Affluent City Seoul, South Korea Seoul's electrifying growth, from impoverished war-torn capital in the 1950s to economic powerhouse, has turned its cityscape into a dense grid of housing and office towers. Its transformation proves that rapid growth can bring rapid wealth.


Photograph by Greg Girard Seoul, South Korea Older housing, meaning anything built before 1980, is slated to be demolished in Seoul's Geumho neighborhood, making room for more apartment towers.

I'm posting this pictures from
to let us think about the beauty of the first photograph but the reality of urban life that it suggests.
Here, I'm sharing an excerpt from the article by Robert Kunzig, " The City Solution":

The tide of urbanization must be stopped,*Ebenezer) Howard argued, by drawing people away from the cancerous metropolises into new, self-contained "garden cities." The residents of these happy little islands would feel the "joyous union" of town and country. They'd live in nice houses and gardens at the center, walk to work in factories at the rim, and be fed by farms in an outer greenbelt—which would also stop the town from expanding into the country. When one town filled to its greenbelt—32,000 people was the right number, Howard thought—it would be time to build the next one. In 1907, welcoming 500 Esperantists to Letchworth, the first garden city, Howard boldly predicted (in Esperanto) that both the new language and his new utopias would soon spread around the world. He was right about the human desire for more living space but wrong about the future of cities: It's the tide of urbanization that has spread around the world. In the developed countries and Latin America it has nearly crested; more than 70 percent of people there live in urban areas. In much of Asia and Africa people are still surging into cities, in numbers swollen by the population boom. Most urbanites live in cities of less than half a million, but big cities have gotten bigger and more common. In the 19th century London was the only city of more than five million; now there are 54, most of them in Asia. 
 And here's one more change since then: Urbanization is now good news. Expert opinion has shifted profoundly in the past decade or two. Though slums as appalling as Victorian London's are now widespread, and the Victorian fear of cities lives on, cancer no longer seems the right metaphor. On the contrary: With Earth's population headed toward nine or ten billion, dense cities are looking more like a cure—the best hope for lifting people out of poverty without wrecking the planet. One evening last March, Harvard economist Edward Glaeser appeared at the London School of Economics to promote this point of view, along with his new book, Triumph of the City. Glaeser, who grew up in New York City and talks extremely fast, came heavily armed with anecdotes and data. "There's no such thing as a poor urbanized country; there's no such thing as a rich rural country," he said. 
A cloud of country names, each plotted by GDP and urbanization rate, flashed on the screen behind him. Mahatma Gandhi was wrong, Glaeser declared—India's future is not in its villages, it's in Bangalore. Images of Dharavi, Mumbai's large slum, and of Rio de Janeiro's favelas flashed by; to Glaeser, they were examples of urban vitality, not blight. Poor people flock to cities because that's where the money is, he said, and cities produce more because "the absence of space between people" reduces the cost of transporting goods, people, and ideas. Historically, cities were built on rivers or natural harbors to ease the flow of goods. But these days, since shipping costs have declined and service industries have risen, what counts most is the flow of ideas.

Thursday, August 16, 2012

Introduction to controlled vocabularies. Terminology for Art, Architecture and other Cultural Works


FOREWORD.
The Getty Vocabulary Program has devoted almost three decades to building thesauri that can be used as knowledge bases, cataloging and documentation tools, and online search assistants. In addition to building tools for use by art and cultural heritage professionals and the general public, we also provide training opportunities and educational materials on how to build and implement controlled vocabularies. Part of our mission as an institution devoted to research and education is to share our knowledge and expertise with the international art and cultural heritage communities in their broadest sense. Elisa Lanzi's Introduction to Vocabularies, which appeared in print in 1998 and was updated in an online version in 2000, offers a general overview of vocabularies for art and material culture.Introduction to Controlled Vocabularies is a much more detailed "how-to" guide to building controlled vocabulary tools, cataloging and indexing cultural materials with terms and names from controlled vocabularies, and using vocabularies in search engines and databases to enhance discovery and retrieval in the online environment. "How forceful are right words!" is written in Job 6:25. The King James Version of the Bible uses the word forcible, meaning "forceful" or "powerful," instead. In the online environment, words have the power to lead users to the information resources that they seek. But we should not force users to know what we consider to be the "right" word or name in order for them to be able to obtain the best search results. We recognize that a single concept can be expressed by more than one word, and that a single word can express more than one concept. Words can change over time and take a variety of forms, and they can be translated into many languages. A carefully constructed controlled vocabulary provides catalogers and others who create descriptive metadata with the "right" or "preferred" name or term to use in describing collections and other resources, but it also clusters together all of the synonyms, orthographic and grammatical variations, historical forms, and even in some cases "wrong" names or terms in order to enhance access for a broad range of users without constraining them to the use of the "right" term. With millions of searches being conducted by millions of users each day via Web search engines and in proprietary databases, the power of words is a crucial factor in providing access to the wealth of information resources now available in electronic form. We hope that this book will provide organizations and individuals who wish to enhance access to their collections and other online resources with a practical tool for creating and implementing vocabularies as reference tools, sources of documentation, and powerful enhancements for online searching.
 Murtha Baca, Getty Research Institute

 Electronic edition, read the book in full:

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